La relevancia de los libros de texto

El comienzo de este curso estuvo marcado por el aumento de los precios del material escolar por la subida del IVA. Y sobre el problema económico para muchos familias para poder comprar los libros de texto. Se desvió la atención por la vía tecno-utópica: las tablets y los libors electrónicos ¿Pero son realmente necesarios los libros de texto?

Publicamos (por primera vez en versión digital) este artículo, que apareció en la revista Canijín de junio 2008. Entra de lleno en para qué sirven de verdad los clibros de texto en las escuelas.

Cuando hablamos de educación pública deberíamos hablar de esto. Porque si no en realidad estamos hablando de educación estatalizada.

EPR

La relevancia de los libros de texto

Francisco Lara

Cuando hablamos del sistema educativo solemos dar por sentado que determinadas prácticas son buenas porque sí y no las sometemos a ningún análisis para comprobar su pertinencia para el fin a que se destinan.

En este caso nos referimos a los libros de texto. No a los libros en general, sino a aquellos que se obliga a manejar a los alumnos como paradigma de la ciencia y de la cultura, que son iguales para todos y que se llevan a clase y se vuelven a casa cada día.

Es cierto que estos libros de texto son útiles para los profesores porque les marcan un proceso de trabajo, les ofrecen un cúmulo de ejercicios y facilitan enormemente la tarea metodológica.

Además consiguen llevar al aula una sistematización del trabajo, del currículum, de los tiempos dedicados a cada tema, podríamos decir que nada queda al albur, y por ello no los sometemos a crítica alguna. Son útiles, nos ayudan y, por tanto, valen.

Pero sería interesante reflexionar sobre la conveniencia o no de su uso por cuanto encontramos algunos inconvenientes que creemos importante destacar.

En primer lugar llama la atención que unos profesores que reclaman para si la libertad de cátedra se sometan tan fácilmente al arbitrio de unas empresas que deciden sobre contenidos, metodologías y modelos de aprendizaje, cuando su fin último es obtener beneficios económicos. Uno sospecha que le es más fácil al profesor someterse al poder (empresa, mercado) que aprender y enseñar a caminar a los alumnos por sendas propias y adaptadas.Imagen

El libro de texto tiene la “virtud” de la uniformidad contra la realidad de la diversidad que impera entre los niños y niñas. En un mundo diverso, y el infantil lo es por antonomasia, se busca crear estructuras uniformes, iguales para todos. Desarrollamos un único cauce sin preocuparnos de las particularidades de cada uno. Y quien no entra por el mismo es considerado un fracaso, un inútil: un suspenso.

Se marcan pautas rígidas y uniformes de aprendizaje pero cualquier pedagogo sabe que la lógica y la sistematización no son pautas de aprendizaje. Sí ayudan a la ordenación de los conocimientos pero no a su acercamiento a los mismos. Lo saben muy bien quienes enseñan a leer un idioma. Lo que hace su maestro es ponerle en situación, ofrecerle mecanismos, abrirle a rutinas que facilitan, pero ellos, los niños y niñas, son conscientes de que han aprendido solos y cada uno de una manera distinta.

Lo que no están son las preguntas de los niños que son, en definitiva, lo que les hará avanzar. Un niño a quien no se deja preguntar, que no obtiene respuestas serias a sus preguntas, siempre, serias, no puede construir su mundo, no define objetivos de vida, se ve obligado a acomodarse a lo que le impone la sociedad, la estructura de poder.

El libro de texto no permite la participación. Allí está todo dicho y hay que acomodarse. Participar se convierte en asentir a lo dicho, no en comprometerse en la búsqueda. Al no participar deja de interesarle lo que estudia. Su afán será el conseguir buenos resultados en la evaluación, y para ello tendrá que acomodarse a lo que dice el libro, su fuente del saber.

El niño utiliza, sin darse cuenta, un instrumento de acomodación al sistema. Se le enseña a admitir lo que nos dice la autoridad sin cuestionar ni buscar alternativas. Allí está todo. Y paso a paso le introduce en el mundo del consumo. Libro de lenguaje, de matemáticas, de historia, de ciencias, de plástica, de tecnología, de música, de… y al final hay que ir al colegio con mochila, que digo, con carro. Una niña lleva a sus espaldas una tonelada de ciencia cuando todo ello podría estar en el colegio y ser utilizado allí. ¿Por qué hay que llevar deberes a casa? ¿Es que en el colegio no se trabaja? Pero cuanto más libros, cuanto más cuaderno, cuanto más carrito, mejor para las grandes empresas.

El libro de texto no se utiliza porque sea una herramienta de aprendizaje sino porque moviliza un mercado floreciente. Empresas editoriales,  con sus correspondientes pedagogos, metodólogos, visitadores, regalos envenenados, diseñadores de mochilas y carros… pero no nos equivoquemos eso no significa que los niños y niñas aprendan más y mejor eso quiere decir que los padres y madres, los maestros y profesores, están inculcando a los niños que este sistema de mercado es bueno para aprender.

Pero curiosamente en los colegios de clases altas, las verdaderamente pudientes, las que manejan los hilos del sistema, no existen estos libros de texto. Ellos ya saben que el mercado funciona, su función es convencer a los que lo padecen de que es bueno para ellos y que no sean capaces ni de pensar, ni de criticar, ni de participar.

Los exámenes no van a resultar ya pruebas de conocimiento sino de la capacidad de asimilación del sistema, de la no rebeldía de los niños y niñas, de la no posibilidad de crítica, porque al final tendrán buena o mala calificación si conocen el texto no si conocen e interpretan la realidad en que viven.

A partir de estos libros ¿para qué sirven las bibliotecas, los modelos de aprendizaje donde se investiga, los planes e trabajo individualizados y acomodados a cada alumno, la crítica, imprescindible para la ciencia?

Y se recrimina como fracasado a quien no se sabe los contenidos de esos libros cuando todos sabemos que no existiría la ciencia, la investigación si no hubiera fracasos, errores. El “fracaso” no es estigma para el individuo es un paso en falso que ayuda a preparar mejor el paso siguiente. El libro de texto pasa de ser una ayuda a ser el paradigma de la ciencia y nos impele a entrar en el mundo del mercado como si este fuera el mejor mundo posible, mundo donde solo estamos a gusto quienes nos aprovechamos de los más débiles. Norte/Sur, ricos/pobres.

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