Itziar González: “Las elecciones del 25-N son políticamente insignificantes, la mejora de la sociedad pasa por una acción unitaria en la calle”

Incluimos una entrevista extractada con una exconcejal del Ayuntamiento de Barcelona que hace un repaso sobre lo que significa imponer las actividades turísiticas en las ciudades, sobre la democracia municipal y sobre la política en Cataluña.

Como siempre, al final de la entrada ponemos un enlace para acceder a la entrevista completa hecha por el diario digital eldiario.es

EPR

Itziar González, arquitecta y urbanista, fue concejal del distrito barcelonés de Ciutat Vella entre los años 2007 y 2010, durante el gobierno del alcalde Jordi Hereu (PSC). Recibió amenazas de muerte y entraron a robar en su casa después de denunciar una presunta red corrupta de soborno a funcionarios en la concesión de licencias. Su oposición a continuar con la tramitación del Hotel del Palau de la Música la llevó a dimitir.

(…) Su trabajo, no es inocuo. Es muy crítico. Habla del movimiento vecinal, del impacto de las grandes obras, del patrimonio salvado por la ciudadanía. ¿Cómo ve hoy Barcelona?

Barcelona es una ciudad que se redescubrió en sí misma durante la democracia. Había quedado desdibujada por el abandono institucional. Con la aparición de los primeros ayuntamientos democráticos y los primeros planes de intervención, la ciudadanía se anima y participa. Muchos de los vecinos se creen ese protagonismo. Pero, poco a poco, las Administraciones, en manos de tecnócratas y de políticos clientelares, se van convirtiendo en gestoras de intereses y de ambiciones claramente crematísticas. Se produce una deriva hacia la gestión de la venta de suelo en favor de unos intereses económicos privados.

Y empiezan los problemas.

El poder de iniciativa se va traspasando al ámbito privado, con unos gestores, dentro de las instituciones, interesados en los beneficios estrictamente económicos. Se rompe el ciclo ecológico a través del cual un ciudadano paga sus impuestos y, estos impuestos, la administración los revierte en mejoras. En Barcelona, eso pasa porque empiezan a aparecer el que llamo “los parásitos de la grandeza de Barcelona”, que son los inversores económicos extranjeros y locales, con sedes en paraísos fiscales, que empiezan a comprar fincas en Ciutat Vella, a hacer acoso inmobiliario y, en algunos casos, a generar hoteles y apartamentos turísticos. Los buitres se empezaron a aprovechar de las plusvalías de calidad de vida y urbanística de una Barcelona hecha entre todos.

Denuncia blanqueo de dinero en locales de Ciutat Vella.

Una ciudad como Barcelona también recibe los efectos de la economía global criminal. Cuando digo economía criminal me refiero a todo lo que tiene que ver con no respetar los derechos humanos: tráfico de drogas, de personas, de armas. Todo eso genera una economía en negro que se trata de blanquear. Las ciudades son una gran oportunidad para las mafias. España lo ha sido a través de la industria de la construcción, y Barcelona lo es ahora con la coartada del turismo.

¿Algunos negocios turísticos son para blanquear dinero?

Bajo la coartada de que cada año tenemos millones de turistas, algunas redes criminales empezaron a adquirir toda una serie de locales en Barcelona. Empezaron en el centro histórico y ahora se han extendido por toda la ciudad. No hay tanta demanda para los miles de supermercados que están apareciendo en Ciutat Vella. Detrás de eso no sólo está la venta de alcohol, sino también otras actividades que permiten que pueda haber una serie de hombres trabajando, hombres que tienen sus pasaportes retenidos por una red que les lleva de aquí para allá y les hace dormir en pisos-patera. Estas redes promueven el tráfico de personas. Como concejala vi que en Ciutat Vella vivía población en situación de esclavitud, y desde la administración no se hacía nada.

¿Me está diciendo que la Administración no cumple con sus funciones?

Pedí ayuda a la Inspección de Trabajo, a Hacienda, a la Delegación del Gobierno, a Fiscalía. Y la única institución que respondió siempre fue la Fiscalía. Creo que se sienten desbordados por la dimensión de la tarea. Es complejo, pero estas dinámicas se pueden detener. Se pueden hacer inspecciones del seguimiento de la actividad económica de estos locales y se verá que, en muchos casos, sus propietarios están cobrando en negro. A mí lo que me entristece es ver que no interesa detenerlo. Cuando ves la sustitución de los bares gallegos por bares llevados por chinos te das cuenta que no se cambia la carta y que los hombres y las mujeres que los regentan son trabajadores y encantadores. Lo que no está tan claro es de dónde acabará proviniendo, por ejemplo, el tabaco de aquel establecimiento. Las mafias necesitan control territorial porque generan una red de distribución de lo que les interesa. La tapadera puede ser un restaurante, un bar. Aquel sitio, para la red, tiene otra función y un valor estratégico.

¿Y todo eso continúa pasando? ¿Qué consecuencias puede tener?

Si permitimos que haya personas que alquilen a precios abusivos locales donde no se vende nada, estamos echando al pequeño comercio. Que la administración y los políticos se inhiban ante estas dinámicas quiere decir que no están respondiendo al control que garantizaría una economía de proximidad con sentido. Que no nos ocupemos del tráfico de personas o del hecho de que estas personas vivan en situaciones infrahumanas quiere decir que incumplimos nuestro compromiso con los derechos humanos. Cuando no perseguimos a las mafias que promueven el tráfico de mujeres y no paramos de poner sanciones a las prostitutas estamos haciendo el juego a unas mafias que las tienen cada vez en peores condiciones y más dependientes.

Concrete que es lo que cree usted que pasa en la Rambla.

Cuando especializas un lugar en un tipo de actividad turística acabas echando el vecindario. No hay control social, y así es fácil que por la noche la lógica ciudadana se convierta en  lógica delictiva. Mi teoría es que el emplazamiento estratégico de locales aparentemente de uso turístico hace que estos mismos establecimientos sean los que de noche irradien y distribuyan los productos y las dinámicas delictivas. Si tú especializas los locales que están más horas abiertos en bares vendrá un tipo de cliente que te pedirá alcohol, droga y, finalmente, muchas veces, prostitución. Es un paquete. Lo que ha pasado en la Rambla es que se ha generado una oferta que ha traído la demanda. Estratégicamente, las mafias se han instalado para después acercar un tipo de demanda. Es un lugar donde no hay vecinos, ni control social, y a la policía le es relativamente igual.

¿Qué se puede hacer para acabar con eso?

Lo que se puede hacer son inspecciones integrales transversales, inspecciones fiscales, laborales, de salud y policiales. Si hubiera una incursión de la Administración potente, podría ser que las mafias se marcharan inmediatamente. Las mafias son muy perezosas en cuanto a la resistencia. Se desplazan a sitios donde las dejen en paz. Pero también es cierto que la Rambla es un lugar estratégico, está en el corazón de la ciudad, con un tipo de usuario/consumidor que no se acaba nunca: el turista.

Ya hace más de dos años que dimitió. ¿Qué valoración hace de aquella etapa?

La experiencia como concejala es una de las cosas más importantes que me ha pasado en la vida. Fue un gran aprendizaje. No era una cosa que me esperara, aunque me sentía preparada para aportar soluciones y acciones que mejoraran Ciutat Vella. Acepté sin pensarlo porque estaba en mi territorio. Conocía las dinámicas que no me gustaban de Ciutat Vella y pensaba que las podría cambiar.

Pero no fue así.

Lo intenté, pero no lo conseguí del todo. Descubrí que los alcaldes en general, y en concreto Jordi Hereu, no tienen bastante poder. No tienen ninguna capacidad real de incidir en las grandes cuestiones de una ciudad. Descubrí también la existencia de una red clientelar de funcionarios vinculada a personas de determinados partidos y a intereses económicos hoteleros. Eso primero me estimuló y lo vi como un reto, pero tuvo demasiadas consecuencias personales.

La amenazaron, entraron a robar en su casa… Acabó dimitiendo.

Considero que mi primer gesto netamente político fue mi dimisión. Pensé que, en aquel contexto, lo mejor que podía hacer era hacer visible mi incapacidad para cambiar las cosas y una cierta denuncia, una crítica de que el sistema no funcionaba.

¿A quién iba dirigida su crítica?

La crítica no era exclusivamente al alcalde o a las instituciones superiores. La crítica era para todo el mundo. Quería hacer una crítica a algunos funcionarios que no se habían hecho respetar lo suficiente y que en lugar de poner límites a las demandas arbitrarías de algunos políticos optaron por la corrupción. También quería mostrar a los ciudadanos que hay que diferenciar una política con vocación de servicio de otra de simples gestores de una red clientelar. Y decirle al alcalde que creía que no se había hecho respetar delante del partido y de los intereses privativos y de los lobbys, y no había reclamado su derecho como alcalde a coger el timón y llevar el barco hacia donde los ciudadanos querían. Finalmente, también quería hacer una autocrítica por haber intentado cambiar todo eso sola. De aquí mi dimisión y el posterior trabajo de búsqueda para sumarme a una red genuinamente política para intentar ayudar.

¿El caso del hotel del Palau de la Música hasta dónde influyó en su dimisión?

Fue el detonante. A mí, desde el comienzo, no me gustó el plan. Políticamente el PSC apoyaba el proyecto, CIU y PP, también, y ICV, en la medida que formaba parte del gobierno, lo asumía. Como concejala de Ciutat Vella conocía la gran oposición vecinal y estuve dos años haciendo equilibrios. Sugerí un proceso de participación, recogí propuestas ciudadanas para mejorar el propio diseño del edificio. Pero en el momento en que salió en la prensa que las fincas afectadas ya eran propiedad de un privado, consideré que había instituciones públicas, como el Ayuntamiento y la Generalitat, que habían ayudado a una fundación cuyo presidente no estaba jugando limpio. Me pareció que se tenía que hacer un gesto político para evitar la complicidad pública en ese proyecto. Y eso es lo que no compartieron ni el concejal de Urbanismo, ni el propio alcalde. Hereu me dijo que harían el hotel. Yo le dije que me sentía impotente, que había indicios de que aquello era un pelotazo y que la ciudadanía quería una corrección del error de haber colaborado con alguien que no se lo merecía. Al decirme que no vi la necesidad de marcharme.

¿La veremos de nuevo en política?

Ahora estoy colaborando en una red de la sociedad civil que está tratando de articularse para poder llegar a hacer campañas y estrategias de transformación política. Estamos acabando de diseñar el espacio y el nombre. Hemos creado un texto de declaración de principios, con unos objetivos. Es un colectivo formado por gente a título particular. Los principios básicos son el no reconocimiento de deuda, la exigencia de la transformación de las reglas de juego actuales del sistema de partidos, la honestidad y la ética. Es una apuesta muy inclusiva. Ahora mismo una de las tareas que estamos haciendo es ayudar en todo lo que podemos a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).

Si le parece volvamos a la actualidad municipal de Barcelona. Es partidaria de hacer una consulta sobre la transformación del Port Vell en un puerto de yates de lujo.

Sugerimos una consulta ciudadana porque supondría una especie de alerta a los barceloneses sobre que quieren que sea su puerto. Me parece que el Ayuntamiento de Barcelona tiene la obligación de tener en cuenta todas las opiniones cuando se proponen actuaciones tan importantes y de un impacto tan grande. En Collserola, todo el mundo ha opinado sobre la transformación del parque. En cambio, en el puerto, no. ¿Por qué? Pues, quizás, porque Collserola no da los beneficios económicos privados que da el puerto. Alguien del gobierno municipal respondió diciendo que la consulta no se hará porque ellos ya saben lo que se tiene que hacer allí. Eso suena un poco arrogante y antidemocrático. El puerto es suelo público, hay una Autoridad Portuaria que lo gestiona, pero el suelo es público. Es un suelo calificado como infraestructura. Tiene unas características, tiene un emplazamiento estratégico para la economía, pero es fundamentalmente público. No es sólo de quien gobierna. Es de todo el mundo. Todas estas cuestiones muestran una falta de respeto hacia los ciudadanos. Si en algún momento se tiene que ir con cuidado es ahora. Están a punto de cargarse la confianza de la ciudadanía en las instituciones. Es peligrosísimo.

¿También detectó casos de corrupción en la Guardia Urbana?

La Guardia Urbana tiene todo mi respeto. Las personas concretas que yo conocí, también. Pero, como en todos los colectivos, había personas sensibles al soborno. Algunas de las piezas de la policía no están por la labor de hacer cumplir la ley sino que buscan su beneficio propio. Pero nunca acusaría a la Guardia Urbana. Mayoritariamente, sus agentes hacen su trabajo y lo hacen bien. Cuando se produce corrupción en los estamentos de los funcionarios es porque esos funcionarios han visto que los cargos políticos son arbitrarios en sus decisiones y a veces favorecen “a los suyos”.

Ya acabamos. ¿Cómo ve las elecciones del 25 de noviembre?

Las elecciones del 25-N me parecen políticamente insignificantes. La ciudadanía ya hace tiempo que sabe que la mejora de la sociedad, la autodeterminación y la reconstrucción del país no pasa sólo por los políticos, ni por Artur Mas, ni por el Parlament que salga. Pasa también por una acción unitaria en la calle. Si CiU saca mayoría absoluta y en  tres meses no ha hecho acciones políticas concretas y continúa la violencia sobre la ciudadanía y los recortes, la gente verá que nada ha cambiado. Y si todo sigue igual, llegará un momento que las entidades ciudadanas sacaremos a la calle a dos millones de personas. Si un millón y medio disolvieron el Parlament, dos millones lo volverán a hacer. Mi ambición es conseguir volver a disolver el Parlament cuántas veces haga falta, hasta que los representantes políticos que tengamos estén al servicio de las necesidades de la mayoría.

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