Sobre el ocio

En el número de este mes de la revista anarquista Tierra y Libertad (sí, sí la misma que se fundó en el siglo XIX) aparece este nutritivo artículo sobre el ocio.

Si definimos ocio como el tiempo libre dedicado a actividades no relacionadas con el trabajo asalariado u otras de tipo obligatorio en la vida de las personas, creemos necesario realizar un análisis de éste en los tiempos modernos porque consideramos que las formas de ocio predominantes de una sociedad dicen mucho de los valores y formas de organización de una colectividad y los individuos que la constituyen. Una observación rápida de las actividades no obligatorias que realizamos en muchas ocasiones nos indica varias cosas:

A) El predominio del consumo monetario. Casi todas nuestras distracciones implican un gasto económico.Por tanto podemos definir nuestra sociedad como una sociedad de consumo mercantilizado.

B) La pasividad. Es decir, casi nunca somos capaces de crear un ocio participativo, dirigido y organizado por los propios interesados, sino que se nos da ya hecho. Normalmente se nos concentra en espacios cerrados donde escuchamos una música o vemos unos actores, todo ello sin ninguna intervención de nuestra parte. Vivimos por tanto un ocio dirigido, al gusto de las clases dirigentes. Esto implica una sociedad pasiva y dominada y a la vez de incomunicación.

C) La no reflexión. Relacionado con lo anterior, en pocas ocasiones unimos pensamiento o  reflexión profunda o ganas de aprender cosas por mero amor al conocimiento, al tiempo de ocio. Quizá de vez en cuando alguna película, alguna obra de teatro, algún libro, alguna charla… Pero en general estamos poco interesados en unir ocio a pensamiento reflexivo, a ampliar conocimientos. El ocio moderno, en este aspecto, va unido al fomento de una sociedad de la irreflexión.

D) La alcoholización. Buena parte de las actividades de ocio van unidas al consumo de alcohol. Pareciera que no es posible divertirse si no se bebe alcohol, con lo que se impulsa una sociedad de drogadictos, de dependientes de diversas sustancias. Esto crea sociedades con individuos de escasa fuerza interior, necesitados de sustancias que les estimulen.

Si con esto tuviéramos que definir en una palabra la característica esencial de nuestras comunidades, usaríamos el concepto de comunidad-rebaño. Esto es así porque lo que hay detrás de todo es la capacidad del poder de mover a los individuos allá donde él quiera, en todos los aspectos de nuestra existencia, incluyendo nuestro tiempo libre.

Y puesto que el objetivo de todo sistema de poder vertical es dominar y degradar a las gentes, éste necesita que aparte del embrutecimiento que constituye el trabajo asalariado de por sí, envilecer aún más a los siervos contemporáneos favoreciendo un tipo de ocio que imposibilite el desarrollo de las facultades humanas, tales como la comunicación, la reflexión, la participación y la acción consciente, la fortaleza de espíritu…

No obstante, buscando huir de victimismos y a la vez tratando de vislumbrar salidas al proceso de deshumanización, creemos fundamental construir un tiempo libre basado fundamentalmente en el diálogo con los otros y en la reflexión.
Así, renovando por ejemplo viejas tradiciones como los ateneos, podrían crearse grupos de estudio y reflexión sobre múltiples temáticas, que unan a las personas y permitan ampliar los
conocimientos y las inquietudes intelectuales. También se podrían potenciar los bancos de tiempo, que permiten bien enseñar o bien ayudar a otras personas, sin dinero por medio para ir acabando lentamente con la mercantilización de nuestras vidas. Otra opción es organizar fiestas donde todos puedan participar, de niños a ancianos, sin exclusiones.

Y, por supuesto, trabajar libremente, de forma no asalariada, en beneficio del bien común en alguna actividad que haga disfrutar a la o las personas implicadas, lo que ayudaría también a ir superando la esclavitud del trabajo asalariado, creando un nuevo concepto de trabajo. Todo esto son algunas ideas para encaminarnos en la dirección de reconstruir una vida civilizada en todos sus aspectos, incluyendo el ocio como elemento esencial en la vida humana. Un ocio que nos aleje de la actual sociedad granja.

Alfredo Carrreras

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