Internet, una industria pesada.

La revista francesa Le Monde Diplomatique publicó en marzo del año pasado un monográfico de su colección Manière de Voir con el título: Batailles pour l’energie (Batallas por la energia), en él recogían un artículo ya publicado en agosto de 2008 en su revista mensual con el título “Internet, une industrie lourde”.

Internet, una industria pesada.

por Hervé Le Crosnier, investigador de la Universidad de Caen.

El mundo virtual de Internet deja creer que la red mundial funciona gracias a una infraestructura superligera. Sin embargo, hace falta tanta energía para hacer funcionar una “granja” de servidores como una fábrica metalúrgica.

 Los centros de datos capaces de proporcionar poder de cálculo y de almacenaje son un gran reto industrial. Para ello se ejerce una mayor presión sobre los recursos naturales y redistribución de los puestos de trabajo cualificados.

 En la ciudad de The Dalles (Oregon), a lo largo del río Columbia, dos inmensos hangares del tamaño de un estadio de fútbol se sitúan a cada lado de las cuatro enormes torres de refrigeración. Es la sede de un centro de datos de Google, adecuado para la indexación de la Web y capaz de proporcionar respuestas en un tiempo notablemente corto a miles de usuarios simultáneos. Un río para la refrigeración, la proximidad de sitios de generación de electricidad a bajo costo y conexión de alta velocidad son los requisitos previos para la implantación de una “fábrica de datos”. Reglas para las instalaciones industriales adecuadas, que son  atendidas por 200 empleados permanentes y cientos de empleos indirectos.

¿Es una gran ayuda para las regiones afectadas por la desertificación de las viejas industrias? Nos gustaría creerlo. Pero como con todas las instalaciones industriales, el chantaje del empleo, disfrazado por la llegada de la imagen de los ordenadores, permite negociar de ayudas y subvenciones. Y hace cargar en el contribuyente la mayor parte de la construcción de estas plantas sin garantizar alternativas de empleo a nivel local, ya que se empuja hacia la especialización. En Lenoir, en los Apalaches, Google ha invertido 600 millones de dólares para instalar sus granjas de servidores. Por su lado, los opositores, han estimado en 260 millones de dólares la cantidad de ayuda proporcionada, osea, alrededor de 1,24 millones de dólares por empleo creado, o más bien importado. La dinámica local (comercio, hoteles y tasas industriales) puesta en marcha durante la construcción se ahoga con la reducción del número de empleos permanentes supercualificados. Si el mantenimiento de los servidores de datos exige una fuerza de trabajo muy especializada, esta también puede interactuar a distancia.

 Las autoridades locales no recogen estas críticas y reciben con los brazos abiertos a estas plataformas, como en San Antonio, en Texas. Después del anuncio de Microsoft, en enero de 2007, de la construcción de un centro (75 empleos, 1.500 empleos en la construcción), cuatro nuevas implantaciones han sido proyectadas en el mismo lugar en menos de un año.

 La indutria de lo inmaterial consume mucho:  agua y electricidad en cantidades tales que los datos son clasificados en el rango de secreto comercial. Enfriar las máquinas necesita tanta energía como las operaciones de cálculo de los mismos.

 El consumo energético de la grandes granjas de servidores rivaliza con la de una fundición de aluminio. Para obtener la implantación de un centro Google en Pryor, en Oklahoma, este estado ha adoptado una ley autorizando a las compañías locales de producción de electricidad a imponer silencio sobre los consumos de grandes usuarios industriales.

 Frente a esto, la “informática verde” intenta combinar medio ambiente y bajada de costes de producción. Los operadores defienden el uso de la energía eólica y solar para dar vida a los miles de ordenadores ya sus torres de refrigeración. Y los fabricantes crean procesadores ahorradores de energía y poco caloríficos.

 La implantación de lugares industriales para centros de datos revela también la geoestrategia. Hay que conciliar la actividad de los usuarios, para evitar recurrir demasiado a a las espinas dorsales (blackbones) de la red en vía de saturación, y al mismo tiempo mundializarse para escapar a la influencia de un gobierno en particular. Google, que maneja el arte del secreto en sus decisiones y negociaciones, ha puesto actualmente en competencia a varios paises de Asia para construir y alojar un nuevo nudo de su trama de centros de datos, en esa región caracterizada por una vigorosa tasa de expasión de usuarios de internet. La sociedad es también miembro del consorcio Unity, la cual acaba de comenzar una obra de 300 millones de dólares para la instalación de un cable submarino conectando Los Ángeles con Chikura (Japón). Malasia, Taiwan, Corea del Sur… la integración mundial de los centros de datos está en camino.

Se puede descargar el artículo original en francés en este enlace

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