¿Hace falta un título, para ser bibliotecario?

En un diario digital catalán, el singular digital publicaban ayer un artículo de Víctor Alexandre sobre lo que está amenazando a los/as trabajadores/as de las bibliotecas cada vez que un político piensa en recortar gasto público: que las bibliotecas las atiendan voluntarios/as.

Hay que recordar que el panorama bibliotecario catalán lleva, como mínimo, una década de ventaja al resto de España. Pero viendo la avalancha de recortes casi nada está a salvo.

EPR

En este momento hay una gran inquietud en el mundo bibliotecario de Cataluña a raíz de las graves

Recotar en bibliotecas en un recesión es como recortar en hospitales en un plaga

consecuencias que pueden tener los recortes en su ámbito. De hecho, dentro de pocos días, el Colegio Oficial de Bibliotecarios-Documentalistas presentará un argumentario dirigido a los políticos para explicarles punto por punto cuáles son los valores sociales y económicos de las bibliotecas, ya que detectan un menosprecio de su profesión y de la tarea que desarrollan. La cultura, bien lo sabemos, es el área de la que se hacen grandes alabanzas en época de bonanza pero también la primera que recibe cuando pintan bastos. En el fondo es comprensible que sea así, ya que tendemos a medir el valor de las cosas en función de su utilidad práctica y del impacto inmediato que tienen en la sociedad. Y la cultura, no hay que decirlo, es bastante menos tangible que las colas de la Seguridad Social, por ejemplo. Esto hace que se desconozca su importancia y los requisitos que se necesitan para trabajar.Por ahora, es obvio que aún perdura el estereotipo de la bibliotecaria fea, cenicienta, pálida, con ojeras, pelo recogido e invisible a ojos masculinos. (…) Este descrédito, aunque actualizado, lo encontramos en un episodio de la serie “La Riera”, de TV3, en el que uno de los personajes, Núria Flaquer, se ofrece para trabajar en la biblioteca municipal y se sorprende de lo que le piden: “El problema es que piden el título universitario. ¿Tú sabías que había una carrera universitaria de bibliotecaria? ¡Anda! En la tienda de muebles de aquí abajo también piden gente, y no hace falta ningún título “.Es lógico que el Colegio de Bibliotecarios se haya sentido ofendido por este menosprecio. Sin embargo, yo no veo ignorancia sino ironía y voluntad didáctica en los guionistas, ya que Núria Flaquer, en definitiva, representa los millones de personas que piensan que ser bibliotecario es el mismo que trabajar en un hipermercado, hoy en la sección de frutos secos y mañana en la de calcetines. El problema, por tanto, es el arraigo social de esta idea, no la serie, lo que es más grave. Esto explica que haya gente que utilice las bibliotecas como guarderías o que, despreciando los demás usuarios, se comporte como si estuviera en el bar de la esquina. Cuando una profesión sufre un descrédito generalizado, la ignorancia queda enmascarada y adquiere rango de normalidad. Por eso la opinión de una ama de casa como Nuria Flaquer, sobre la profesión de bibliotecario, puede coincidir con la de un catedrático de la Universidad de Barcelona sin que ninguno de los dos sienta el más mínimo rubor. Era precisamente el Colegio de Bibliotecarios que se quedaba perplejo por el intrusismo que exhibía el catedrático Norbert Bilbeny, (…) cuando proponía que los titulados en Filosofía busquen trabajo en la gestión de archivos y bibliotecas. Como si, en palabras del Colegio, “el conocimiento filosófico, la historia del pensamiento y de las ideas, aportara las herramientas que permiten el tratamiento documental, técnico y práctico de la información”. Con todo, todavía hay quien va más lejos con el fin de demostrarnos donde termina el desconocimiento y comienza la ignorancia. Hablo de un político del país vecino. Se llama Fernando Villalonga, es concejal de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, España, y dice que tiene un plan para abaratar costes municipales. Se trata de que buena parte de los puestos de trabajo de las bibliotecas estén ocupados por voluntarios vecinales que trabajarían gratis. Ni más ni menos. De todos modos, se entiende que el señor Villalonga esté a favor del intrusismo. Él mismo es la prueba que cualquier individuo, absolutamente cualquiera, puede ser concejal de Cultura de Madrid.

(…) Una biblioteca es un lugar de cultura, ciertamente, pero es mucho más que eso. Una biblioteca es también un servicio social, educativo y de formación permanente de capital importancia que, aparte de escolares, usuarios diversos, estudiantes de todo tipo y gente sin posibilidades de acceder a Internet, asiste a las personas más necesitadas. Unas personas en el umbral de la exclusión social que en Cataluña, con 775.000 parados, representan una tasa del 20,5%. Respetemos nuestras bibliotecas y respetemos a los profesionales titulados que las han convertido en modelos de eficiencia. Nuestro nivel cultural como pueblo no lo dice el número de bibliotecas que tenemos, sino el uso que hacemos.

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