Justicia alimentaria en un mundo de recursos limitados

Este artículo fue publicado en la revita IO de Intermon Oxfam España. Es un resumen de un trabajo más extenso [enlace al documento completo] Los de Intermon, como ONG de raiz cristiana que son, hacen unos informe y análisis muy buenos, pero a la hora de la práctica dejan mucho que desear.

Este artículo en concreto está muy bien porque habla sobre las causas del hambre de los últimos años,  de y la perspectiva de un mundo globalizado en los hábitos alimentarios, pero que tiene recursos limitados (tierra, agua, energía), con la amenaza del cambio climático y un autodestrucitivo sistema de producción y comercio capitalista.

EPR

Justicia alimentaria en un mundo de recursos limitados

Después de décadas de lento progreso en la lucha para erradicar el hambre, desde la crisis del precio de los alimentos de 2008, el número de personas que pasan hambre no ha hecho más que aumentar de forma dramática hasta alcanzar los casi mil millones de personas. Las causas inmediatas son varias: el aumento de los precios de los alimentos y del petróleo, el cambio climático y la presión en los recursos naturales.

Pero las raíces del aumento del hambre van más allá de estos factores. Una poderosa minoría de empresas y personas controla el sistema alimentario provocando que este deje de funcionar a favor de todos para que solo lo haga a favor de los intereses de unos pocos. Por ejemplo, tres compañías en el mundo controlan el 90% del mercado de granos. Frente a este alarmante panorama, se podría esperar que los gobiernos emprendiesen  acciones urgentes para abordar la fragilidad del sistema alimentario, pero hasta ahora los gobiernos o bien han ignorado el problema o lo han empeorado. Muestra de ello son los dañinos subsidios agrícolas de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) a los países ricos, casi 80 veces mayores que la ayuda a la agricultura que da este organismo a los países en desarrollo. Este sistema alimentario ya no da más de sí y es más urgente que nunca cambiarlo. Para ello es necesario enfrentarse a tres retos: alimentar a una población creciente sin destruir el planeta, terminar con las desigualdades y aumentar nuestra resiliencia, o sea, nuestra capacidad de responder ante situaciones límite como esta.

Producir para todo el mundo Según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 2050 la demanda de alimentos aumentará en un 70% ante el crecimiento de la población. Si la tendencia actual continua, cada vez se comerán menos cereales y más carne, lácteos, pescado, frutas y verduras. Esta dieta es mucho más intensiva en recursos: agua, tierra y carbono atmosférico (ver gráfico siguiente). Pero además, cada vez va a ser más difícil producir para alimentar a la creciente población. No hay más tierra que trabajar y será necesario alimentar a más personas. Desde 1960 la tierra cultivable por habitante del planeta se ha reducido casi a la mitad y el suelo progresivamente se va agotando y rindiendo menos. Mientras, se estima que la demanda de agua va a crecer un 30% hasta 2030 y que los efectos del cambio climático van a provocar más hambre. A pesar de todo, es posible cambiar esta situación. Para ello, los gobiernos de los países ricos deben resistir a la influencia de los grupos de presión agrícola y los gobiernos de los países pobres deben proteger a sus sociedades regulando el uso de su tierra y agua.

Por un mundo más justo. El reto no solo será producir suficiente alimento de calidad para toda la población sino además garantizar el acceso a todo el mundo, es decir, reducir las desigualdades. Mientras en la mayoría
de los países industrializados, más de la mitad de la población tiene sobrepeso y se tira casi el 25% de la comida que se compra, en países como Guatemala casi la mitad de los niños menores de cinco años sufre desnutrición crónica. El sistema alimentario se basa en un modelo que reproduce y acentúa las desigualdades. El caso de la tierra es el más ilustrativo. En Brasil, por ejemplo, el 1% de la población posee casi la mitad de toda la tierra. Las élites poderosas  se apropian de la tierra, mientras la población es expropiada y el Gobierno no les protege. El acceso a la tecnología también es muy desequilibrado. A nivel mundial, cuatro compañías dominan más del 50% de las ventas de la industria de semillas y seis compañías controlan el 75% de las de agroquímicos (abonos y fertilizantes químicos). Esta tecnología rara vez se adapta a las necesidades concretas de los productores en los países pobres (con un clima y una tierra específicos, entre otros factores), quienes, además, no pueden pagarla. Las cadenas de distribución de alimentos son también un ejemplo más de esta concentración de poder, controladas por un puñado de empresas que obtienen beneficios en detrimento de los pequeños agricultores.

Fagilidad en aumento. El debilitado sistema alimentario está cada vez bajo mayor presión. La volatilidad de los precios de los alimentos ha producido ya dos crisis mundiales en el espacio de tres años. La subida sin freno
de los precios del petróleo y la caída de las reservas mundiales de alimentos han sido la principal causa. Por otro lado, el cambio climático está teniendo efectos desastrosos sobre la producción de alimentos. Por poner un ejemplo, en 2010, una ola de calor récord en Rusia redujo la producción nacional de trigo un 40%. Estos elementos están teniendo fatales secuelas para la sociedad mundial, pero muy especialmente para los más vulnerables. Cuando una familia gasta tres cuartas partes de sus ingresos en comida, cualquier aumento del precio de los alimentos tiene un enorme impacto.

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Un pensamiento en “Justicia alimentaria en un mundo de recursos limitados

  1. Sigo pensando que son informes que no abordan las causas estrcuturales, es decir un fallo sistémico en si mismo. Solo desde el modelo ed la soberania alimentaria es posible alcanzar el derecho a la alimentación, mientras tanto, la bolsa (de valores), las trasnacionales y actores aún menos viosibles se lucran del hambre que padecen 1000 millones de personas ¡¡qué verguenza!! Deberíamos estar en la calle todos los días dando la nota.

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