¿Cenamos esta noche, Comisario?: lobby en Bruselas

Este artículo fue publicado en 2006, y es una muestra de cómo ha habido gente que ha estado advirtiendo y denunciando las políticas económicas y comerciales de la Unión Europea ya no sólo como antidemocráticas, si no como anti sociales contra la propia población europea. Priorizando la competencia de la gran industria europea sobre cualquier otra cosa.
Y lo de la crisis de dedua actual es un capítulo más: hay que mantener la seguridad de cobro de la deuda, incluso con eurobonos, a la gran banca europea antes que atender a las necesidades sociales.
EPR

En los últimos veinte años Bruselas se ha convertido en un imán para los grupos de presión empresariales y firmas de relaciones públicas, debido al poder cada vez mayor que ostentan las instituciones europeas. Hoy en día más del 50 por ciento de toda la legislación de los 25 países miembros de la UE proviene de Bruselas, y en temas de medio ambiente el porcentaje se eleva al 80 por ciento. Tirando por lo bajo se calcula que son unos 15.000 los lobbistasque se dedican a tiempo completo a influir en las instituciones europeas. Más del 70 por ciento de esos cabilderos representan a grandes empresas.

El mundo del lobby empresarial en Bruselas está formado por más de mil grupos de presión, cientos de empresas de relaciones públicas, numerosos despachos de abogados que ofrecen servicios de lobby, docenas de laboratorios de ideas financiados por la industria, además de cientos de empresas que cuentan con su propio departamento de asuntos europeos. La facturación anual del lobby empresarial en Bruselas alcanza cifras de entre 750 y 1.000 millones de euros.

Algunos, sobre todo la Mesa Redonda Europea de Industriales (ERT), se adelantaron y codo a codo con la Comisión Europea, jugaron un papel fundamental en diseñar y acelerar el proceso de unificación europea. A mediados de los 80 y primeros de los 90, este grupo formado por los jefazos de 45 de las mayores empresas europeas fue clave para promover la integración de los mercados que sentó las bases de las reformas neoliberales que han barrido Europa en los últimos años.

Una perfecta sincronía

A diferencia de los Estados miembros, en Bruselas reina una cultura política que hace que el lobby profesional sea la forma más extendida de hacer política. Los complejos procedimientos, la falta de un auténtico debate público europeo y la relativa debilidad de los grupos sociales a escala europea crean las condiciones ideales para el éxito del lobby empresarial.

“Necesito lobbistas, dependo de los lobbistas”, decía un eurodiputado. Y es que los eurodiputados están abrumados por la cantidad de temas sobre los que tienen que decidir hasta el mínimo detalle, y a menudo desarrollan una dependencia enfermiza de los lobbistas. Él explicaba que no quiere comentarios generales, que lo que quiere son enmiendas de texto concretas que pueda presentar directamente en los comités o las sesiones plenarias del Parlamento para ser votadas.

Por desgracia es un procedimiento rutinario, que tiene como resultado que muchas de las enmiendas redactadas por los representantes de la industria (y ocasionalmente de los grupos de la sociedad civil) se conviertan en ley. Los eurodiputados corren el riesgo de convertirse en meros intermediarios que transfieren las demandas de la industria a la maquinaria de toma de decisiones. Muchos de ellos, tras un tiempo ejerciendo su cargo, se pasan al mundo del lobby empresarial. Tras cesar en su cargo, muchos Comisarios también regresan a Bruselas como cabilderos de la industria. Un buen ejemplo es Leon Brittan, ex Comisario de comercio (1994-99), que preparó la posición de la Unión en las negociaciones sobre servicios de la OMC (AGCS o GATS por sus siglas en inglés). Desde 2000 Brittan se ha dedicado a presionar a sus sucesores, Pascal Lamy y Peter Mandelson, en calidad de Presidente del Comité LOTIS, un grupo de presión que representa a la industria británica de servicios financieros.

Más a la derecha

El lobby en Washington es famoso por sus maneras agresivas, en contraste con el tono más conciliatorio de Bruselas. Pero la diferencia cada vez es menor.

La postura de la patronal europea UNICE constituye un buen ejemplo de ese viraje hacia tácticas más hostiles. UNICE pide una moratoria de todas las iniciativas sociales hasta que se cumpla el objetivo de la “Agenda de Lisboa” (ser el bloque económico más competitivo del mundo). La llegada de Barroso a la Presidencia de la Comisión en octubre de 2004 ha ayudado bastante a que el discurso más duro empresarial se quite la máscara de la retórica social y ambiental. Barroso anunció a las claras que los objetivos de competitividad de la Agenda de Lisboa gozarían de absoluta prioridad durante su mandato.

Las quejas de la industria sobre las consecuencias sobre su competitividad empobrecen una tras otra las iniciativas para proteger la salud o el medio ambiente. Un triste ejemplo es REACH, sistema propuesto para registrar y testar sustancias químicas. La propuesta de la Unión para mejorar la desastrosa normativa existente sobre sustancias químicas dio lugar a la mayor campaña de lobby industrial que ha habido en Europa hasta la fecha. La campaña fue liderada por CEFIC, la asociación europea de la industria química. Como resultado de dicha campaña, en la que derrocharon alarmismo, estudios de impacto llenos de falsedades y tácticas para aplazar el proceso, REACH fue perdiendo ímpetu hasta ser una sombra de la propuesta original.

¿Normas para el lobby?

A pesar del espectacular aumento del número de lobbistas y de la creciente influencia política de las grandes empresas, apenas existen normas que regulen el lobby a las instituciones europeas. En el registro del Parlamento Europeo figuran más de 5.000 lobbistas acreditados con pase, pero esa lista sólo incluye el nombre y la organización, no para quién trabajan, ni en qué tema, ni con qué presupuesto.

En julio de 2005 se formó la Alianza para la Regulación sobre Transparencia y Ética del Lobby (ALTER-EU), una coalición de movimientos sociales, sindicatos y académicos para combatir por una European Transparence Initiative (ETI) fuerte. Además de normas vinculantes para la transparencia de los lobbies, ALTER-EU también reclama una mejora del código de conducta para los Comisarios europeos (que limite su fichaje por el mundo empresarial) y el fin del acceso privilegiado a legisladores y altos cargos del que gozan los lobbistas de la industria.

Tras una oposición feroz de la industria y de gran parte de la Comisión, parece que los responsables de la ETI se alejaron de la posibilidad de normas vinculantes y dan preferencia a códigos voluntarios y otras lindezas. Los intereses empresariales han apostado en su mayoría por la voluntariedad, ese filón que tan buenos resultados les está dando en otros campos. Cada vez es más frecuente que en vez de oponerse frontalmente a los objetivos sociales o ecológicos que persigue una potencial regulación, las empresas se declaren abanderadas de los mismos, pero con la condición de que no les impongan obligaciones y les dejen manos libres. El que los códigos de conducta y demás instrumentos voluntarios hayan demostrado con creces ser absolutamente ineficaces no parece un obstáculo para que la Comisión derribe una tras otra la posibilidad de normas vinculantes (uno de los ejemplos más recientes es el de la Responsabilidad Social de las Empresas – CSR).

Unas buenas normas nos pueden permitir acceder con cierta facilidad a los datos que ahora sólo es posible atisbar y con esfuerzo. Al hacerlos públicos, la escandalosa magnitud de los recursos invertidos por los intereses empresariales, y las desastrosas consecuencias sociales de su influencia, pueden hacer más por movilizar un gran rechazo popular que muchas campañas hasta la fecha. Exponerlo a la luz del sol, ayudará también a acabar con la simbiosis entre actores políticos y económicos. Y puede animar a la sociedad a negarse a seguir sacrificando el progreso social y ecológico en aras de la “competitividad internacional”, y a exigir un control verdaderamente democrático de la economía.

Por Belén Balanyá. miembro de Corporate Europe Observatory.

Ver artículo completo publicado en el nº 22 de la revista Pueblos, julio de 2006.

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