Extrema derecha. El caso de Plataforma por Cataluña.

La gente del sindicato CGT, nos ha hecho el favor de colgar una artículo que sale publicado en el último número de la revista Libre Pensamiento (nº 68, verano 2011) con un análisis sobre la extrema derecha catalana y su aumento de representación municipal tras las elecciones de mayo pasado.

Nos parecía interesante este artículo porque detalla muy bien la forma de construir el discurso de esta nueva extrema derecha y porqué conecta con cierta parte de la población.

Evidentemente, el análisis es trasladable a Alcalá, con España 2000 y su vocero trilero Ripoll. El cual ha aprendido del franquista Anglada. De hecho, en un programa de la emisora RK20 saludó efusivamente a Anglada con ocasión de una entrevista.

EPR

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Las cloacas de Cataluña, ¿tierra de acogida?

Miguel Ángel del Río Morillas, Aleix Purcet Gregori

Hablar de la Plataforma por Cataluña (PxC) es hablar de extrema derecha postfascista, de carácter postindustrial y nacionalpopulista; aun así, sería una error calificarla, simplemente, como un partido fascista. Nos encontramos ante una nueva extrema derecha que no reniega de la herencia fascista de los años de entreguerras, a pesar de que no plantea un regreso a los regímenes de entonces.

La PxC sigue la consigna de uno del líderes históricos del neofascismo italiano, G. Almirante: “Ni renegar del fascismo ni restaurarlo”. En este sentido, es esclarecedor el punto 1.3 de la decla­ración programática de la PxC: “El partido elaborará su doctrina propia teniendo en cuenta los elementos positi­vos de las corrientes filosóficas e ideológicos de cualquier signo que hayan jugado una papel decisivo en la historia de Europa”. Es un ejemplo, la adopción de los mecanismos de inclusión y exclusión de carácter radical, tan represen­tativos del fascismo clásico.

Identidad y tradición

En el caso de la PxC, los mecanismos de inclusión y exclusión quedan vehiculados a través de una lectura excluyente de la identidad, mediante un diferencialismo radical entre las personas “autóctonas” y las extranjeras. Pero, ¿quién es la persona “autóctona”? No es aquella que habita y trabaja en Cataluña, ni tan siquiera aquella que ha nacido en Cataluña. Sólo es autóctona aquella persona que pertenece culturalmente a la comunidad. Por mucho que haya nacido en Cataluña, siempre será una perso­na “inmigrante” (…), es decir, una persona que está de paso, siempre estará marcada por una cultura hereditaria, incompatible con el occidental. La persona inmigrante (y la extranjera por excelencia es la musul­mana, yihadista en potencia) es representada como una agente “colonizadora/invasora” y “pervertidora” de las esencias de la comunidad.

Así, la PxC va más allá del concepto racial para con­vertirse en un movimiento defensor de la “tradición” (cristiana) ante “el usurpador islámico”. El partido niega rotundamente ser racista y se autodenomina identitario. En nombre de la preservación de la identidad, aspira a la cota cero de inmigración, puesto que –según sus postu­lados– las personas inmigrantes y las autóctonas son tan radicalmente diferentes que la convivencia entre ellas es del todo imposible.

La persona inmigrante es concebida como un “pará­sito” del sistema de protección social estatal que abusa de los “privilegios” otorgados por los políticos, en detri­mento de la población autóctona. La inmigración verte­bra todo el diagnóstico del partido sobre los males de la sociedad actual. Los inmigrantes –argumentan– están poniendo en grave peligro la cohesión social y desvalijan el estado del bienestar, de forma que hay que reaccionar con un “chovinismo del estado del bienestar” y la “prefe­rencia nacional”, es decir, que las prestaciones sociales tienen que ser para la población autóctona: los de aquí, primero, es un eslogan de todos los movimientos nacio­nal-populistas.

La persona inmigrante es estereotipada como agente portadora de la inseguridad ciudadana, puesto que provo­ca delincuencia, paro (quita puestos de trabajo a la pobla­ción autóctona), problemas de vecindad, proliferación de conductas incívicas, competencia desleal respecto de los comercios autóctonos (debido a supuestas normas comerciales a favor de las personas inmigrantes) o pérdi­da de calidad del sistema educativo.

Contra la política tradicional

A la vez, los partidos políticos son juzgados severamen­te como una clase elitista y corrupta, benefactora de la población inmigrante (y, por lo tanto, quintacolumnista dentro de la comunidad). En cambio, se los acusa de no tener ninguna preocupación por “el humilde trabajador”, que paga sus impuestos “religiosamente”.

Su populismo demagógico se inviste de ”abogado de los pobres”, de los “de abajo” en lugar de los “de arriba”, expresando en voz alta aquello que piensa “el pueblo” y que el discurso oficial –prisionero de lo políticamente correcto– no osa decir.

La PxC postula una relación directa entre ese “pueblo” y sus representantes, en contraposición a la democracia parlamentaria y la partitocracia liberal. Esta deslegiti­mación de la política “tradicional” y de sus partidos –que puede encontrar un terreno abonado en tiempo de des­afección política de la ciudadanía y índices récords de abs­tención electoral– es una de la causas de la organización del “angladismo” (Josep Anglada es el líder de PxC) como plataforma cívica “monotemática”, en vez de partido.

Sólo en el sentido de este vínculo “umbilical” entre organización y pueblo, la PxC se declara demócrata. Res­peta las reglas del juego del sistema, pero la democracia sólo es concebida como un medio: de acuerdo con sus principios, las instituciones democráticas sufrirían una profunda desfiguración, en caso de que la PxC llegara al poder.

(…) El primer punto de la declara­ción programática del partido: “PxC no es de derechas ni de izquierdas, sino un proyecto del sentido común ciuda­dano”) y la Plataforma, “también [está] al margen del debate sobre el ensamblaje Cataluña/ Espa­ña”, puesto que, “más que la nación territorial, defienden cerrar filas alrededor de un sistema de valores y una civi­lización frente a la invasión del islam”.

El discurso nacionalpopulista es capaz de sobrepasar los límites de la ultraderecha tradicional. Anglada ha afir­mado: “Yo no soy de ultraderecha (…). Sólo soy un demó­crata (…). No somos ni de derechas ni de izquierdas, pero cubrimos un vacío en un tema sobre el cual el resto de partidos ha evitado pronunciarse”.

Que Josep Anglada y la plana mayor del partido sean ultraderechistas camuflados (…) es, de hecho, lo menos importante. Lo auténticamente preocupante es la manera como la PxC está siendo capaz de instalar, en el debate político, un discurso anti-inmigración por la defensa de una comunidad amenazada –tanto en sus valores como en su viabilidad económica, al cual se mues­tra receptivo un sector de población que no tiene ningún antecedente político ultraderechista (…).

Desenmascarar sus líderes, a pesar de que pueda servir para desprestigiar la organización, es bastante fútil a la hora de combatir un fenómeno social como la lepeniza­ción de los espíritus.

Un terreno abonado para el nacionalpopulismo

(…) Para entender la emergencia del voto nacionalpopulista, de protesta en sectores que no se sitúan dentro del universo ideológico de la extrema derecha, hay que tener en cuenta varios factores. Por ejemplo, las ansiedades de las clases medias ante la eventualidad de la pérdida de estatus y la preca­rización de las condiciones laborales de la clase obrera. (…) También hay que tener en cuenta la dinámica de pérdida de credibilidad para resolver los problemas “cotidianos” en que está insertado el sistema parlamentario liberal.

La nueva sociedad postindustrial y la globalización han desvelado nuevas preocupaciones en la ciudadanía, como la inquietud ante el fenómeno de la inmigración, la inse­guridad ciudadana (tanto en el sistema de valores, de tra­bajo o de protección social), la pérdida de soberanía ante organismos supranacionales y el chasco ante la política tradicional. En este contexto, el nacionalpopulismo pro­porciona respuestas nuevas a las preocupaciones ciuda­danas. (…)

La emergencia de los partidos nacionalpopulistas, por lo tanto, está precedida por un caldo de cultivo, de forma que estos no son meros accidentes del sistema que surjan espontáneamente y por casualidad. Siempre han estado ahí y la diferencia entre su éxito y su fracaso radica en haber sabido ser congruentes con la actualidad y ofre­cer respuestas a sus problemáticas. Por el contrario, el fracaso de la extrema derecha española se explica por su anacronismo. (…) Previamente a la eclosión electoral de los partidos *nacionalpopulistas, ya había tenido lugar su sedimentación social, en un proceso que ha sido categorizado (…) como la lepenización de los espíritus.

Normalizar la xenofobia

Durante los últimos años, el discurso anti-inmigración ha ido abandonando el espacio del prejuicio privado y se ha ido normalizando públicamente.

A declaraciones irresponsables [de políticos catalanes], se tienen que sumar varios brotes xenófobos, que desmienten el tópi­co que tanto Cataluña como España no son racistas, que los racistas son los otros. (…)

El debate sobre el burka, un tanto artificioso teniendo en cuenta el número insignificante de musulmanas que lo visten (…) o la adopción de un discurso de control estricto de la inmigración por parte de los partidos de derechas también han contribui­do a esta normalización de la xenofobia.

El hecho que la PxC condicione la agenda del resto de partidos en una cuestión, la de la inmigración, sobre la cual a menudo estos han preferido mirar hacia otro lado –también las izquierdas, más allá de que hagan discursos vacíos sobre la multiculturalidad.

¿Qué es el racismo diferencialista?

La extrema derecha nacional-populista ya no es racista en el sentido biológico del término. Lo es en el aspecto cultural. Anglada no tiene ninguna duda que el islam es muy inferior a la civilización occidental. (…) El diferencialismo proclama que toda cultura es respetable, que no exis­ten culturas superiores ni inferiores y que la diversidad es positiva, siempre y cuando las culturas no se mezclen, puesto que la mezcla ocasiona, de cuando en cuando, con­flictos de convivencia entre comunidades. Es decir: cada cual en su casa.

Este discurso es especialmente perverso porque efec­túa una retorsión del discurso clásico del antirracismo y se otorga una aureola de humanismo y tolerancia res­pecto de la diversidad.

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Un pensamiento en “Extrema derecha. El caso de Plataforma por Cataluña.

  1. “plataforma cívica “monotemática”, en vez de partido.´´

    MONOTEMÁTICO ESMIBARRIO; LOCUTORIO, BADULAQUE , LOCUTORIO, BADULAQUE , LOCUTORIO, BADULAQUE , LOCUTORIO, BADULAQUE , LOCUTORIO, BADULAQUE , LOCUTORIO, BADULAQUE ,
    HA DONNER KEBAB TBN.

    ESO ES MONOTEMÁTICO .

    “Normalizar la xenofobia´´ DICE…TSSST
    los que han normalizado la xenofóbia son los políticos que han permitido la entrada sin control en
    nuestro país de inmigrantes (y no tengo nada en contra de ellos, de los inmigrantes.) y los que los han contratado con sueldos miserables a extranjeros arruinando así al obrero español y ya de paso también al inmigrante.

    LA XENOFÓBIA LA HAN PROVOCADO LOS POLÍTICOS.

    “Anglada no tiene ninguna duda que el islam es muy inferior a la civilización occidental.´´

    ¿A ver si no es de ser inferior y retrógrado? quemar a personas,violar , ahorcar, amputar miembros,torturar por cuestiones religiosas, la lapidación etc.

    ¿NO ES UNA CULTURA ASÍ INFERIOR? ¿O ACASO DEBEMOS ESTAR DE ACUERDO CON TODO ESO?

    CADA UNO QUE PIENSE LO QUE QUIERA PERO 1º QUE LEA Y SE INFORME .

    PEN LO PERSONAL YO VOTARÉ A PXC.

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