Crisisteca. Crisis, ¿un final por escribir?

La organización Cristianisme i Justicia publica cuadernos temáticos sobre asuntos de actualidad y bastantes desde un punto de vista cristiano. No es el caso de este.

El autor, Benjamín Bastida, es catedrático de política económica en la Universidad de Barcelona. La reseña de la propia publicación dice: “¿Cómo se ha originado? ¿Cómo nos está afectando? ¿Qué ocurre con las salidas aparentemente contradictorias que se proponen? ¿Hay salida a la crisis?… Todas estas preguntas forman parte de una creciente preocupación por parte de la ciudadanía, sometida desde hace tiempo a un relato oficial que no parece tener oposición. El cuaderno intenta explicar sintéticamente las causas de una crisis que empezó siendo financiera pero que está afectando de manera especial al sector productivo y que amenaza, ahora, con una reducción drástica de los derechos sociales”.

El cuaderno está muy bien estructurado y sigue una argumentación muy sencilla y amena. Y lo más importante, aparte del análisis aporta estrategias de lucha y alternativas posibles.

Le falta, dentro de las causas, una visión de la crisis ecológica y energética, que por ejemplo hace Ecologistas en Acción en su documento (breve) “Sus beneficios, nuestra crisis“. Para un estudio más detallado de la crisis y de las formas de “rescate” os recomendamos el trabajo ya reseñado en este blog “La crisis en el Estado español. El rescate de los poderosos” del colectivo de economistas Taifa.

A continuación reproducimos, esa parte de estrategias y propuestas, que es la que nos parece más interesante y útil ante lo que nos está callendo, y lo que está por caer.

1. ALGUNOS CRITERIOS [para una estrategía de cambio]
1.1. Carácter de oposición al sistema
Las estrategias puntuales deberían tener el carácter de oposición al sistema, es decir, deberían ser inaceptables, en principio, para el mismo. “En principio” significa que no toda “inaceptabilidad” supone dinámica transformadora. Por ejemplo, la ruptura de mobiliario urba-no es inaceptable tanto para el sistema como para los que proponemos dinámicas transformadoras. Así se podría seguir con el terrorismo o las acciones aisladas de atentados individuales, etc.
Desde una perspectiva complementaria u opuesta es posible que, en algunos casos, puede parecer que el sistema es capaz de asimilar determinadas estrategias como “modificadoras” pero beneficiosas para su funcionamiento.
Pensemos en la autogestión. la banca ética (si la hubiere), la denominada economía social, etc. Podrían decir los defensores del sistema, modifican, pero va bien, mejoran el funcionamiento. Sin embargo, si estas formas de comportamiento social se llevan a fondo, se convierten en inaceptables. Es decir, si resisten los intentos de los agentes del sistema para domesticarlas, intentos poderosos, como por ejemplo, el ofrecimiento de financiación o la concesión de un “asiento” en mecanismos de concertación social. Esta resistencia a la asimilación es un criterio clave para enjuiciar la dinámica transformadora.

1.2. Elementos de transformación radical
Un segundo criterio es consecuencia del anterior y puede formularse así: las estrategias propuestas o aplicadas no deberían consistir en refuerzos o paliativos para el funcionamiento del sistema de mercado capitalista sino que habrían de aportar elementos de transformación radical.
Con este segundo criterio se pretende salir al paso de actitudes que parecen renunciar a la transformación sistémica, tal vez por creerla imposible o demasiado lejana y que se dirigen fundamentalmente a hacer que el sistema sea menos dañino para grupos sociales excluidos. No se está significando que estas acciones paliativas sean perjudiciales o inútiles sino simplemente que generalmente no contienen una dinámica transformadora radical y clara.

1.3. Dimensión colectiva y participada
Al tiempo habrían de caracterizarse, por su dimensión colectiva y participada, trascendiendo de inmediato los liderazgos personales o de pretendidas vanguardias. Existe una concepción muy difundida acerca de los cambios revolucionarios que se expresa en sentencias como las siguientes: «todas las revoluciones acaban devorando a sus hijos» o también «toda revolución acaba en dictadura» o lo del Príncipe de Lampedusa «cambiarlo todo para que nada cambie». Conviene resistirse a creer en esos tópicos, con algún fundamento en experiencias históricas –Revolución francesa, Revolución de octubre, Cuba, Vietnam, Camboya–, experiencias insuficientemente analizadas. En efecto, en los casos citados puede encontrarse dos tipos de factores conducentes al estancamiento o a la involución del proceso transformador. Un factor externo que puede ir desde el aislamiento, el bloqueo o la agresión económica, política, cultural o militar contra los protagonistas del proceso. Un factor interno, más determinante que el externo, que consiste precisamente en la ausencia de dimensiones colectiva y de participación o en el secuestro de la dinámica transformadora para provecho de los líderes (personas o partidos), la aniquilación del debate, etc.
Para impedir la consolidación de estas circunstancias de involución o secuestro personalista parece un buen criterio a la hora de juzgar una estrategia pretendidamente transformadora, la existencia o no de dinámicas cada vez más participativas y abiertas.

1.4. Las condiciones de vida
Deberían abordar aspectos referentes a las condiciones de vida de la población y asimismo, aspectos políticos y culturales (si es que éstos pueden diferenciarse de las condiciones de vida). Un elemento esencial para la transformación es, en efecto, la cultura en el sentido más amplio del concepto: desde la literatura y el arte, los caminos del avance científico, hasta la forma de concebir la vida. En este sentido la gente de izquierda, los que están por los avances sociales, han de entonar un mea culpa sin nostalgias y recuperar un territorio del que el mercado, los mercaderes, se han apoderado sin reservas. (…) Recuperar la cultura de la solidaridad, la creatividad o la gratuidad, trasladados como valores no crematísticos a la políticay a las condiciones de vida de la población. La dinámica del cambio a partir de estos elementos y criterios es gradual y aparentemente va a ser lenta. Pero es el caldo de cultivo necesario para el progreso de estrategias transformadoras.

2. ALGUNAS LÍNEAS ESTRATÉGICAS
Como final sin pretensiones, apunto algunas líneas estratégicas, recogidas de diversas fuentes, que desde mi punto de vista cumplen esos criterios.

2.1. Someter a crítica todos los mensajes de los medios de difusión y propaganda. Normalmente las propuestas contenidas en estos mensajes parecen aceptables, ya que formulan medias verdades o se presentan como de aplicación ineludible, o prometen soluciones próximas. Incluso apelan a la solidaridad o al esfuerzo colectivo. (…)

2.2. Defensa acérrima de los derechos conquistados
– Mientras la crisis sea asimétrica no es aceptable la revisión del Estado de Bienestar. Pues, en realidad no se trata de un problema exclusivamente técnico financiero, es una decisión política fruto de un conflicto de intereses. Existen, en efecto, recursos suficientes para mantener e incluso mejorar el Estado de bienestar. La
cuestión a resolver es la distribución de esos recursos. – Defensa “a muerte” (mejor diríamos “a vida”) de los puestos de trabajo. Asimismo de las condiciones de trabajo: salarios, estabilidad. Defensa de la negociación colectiva sometida a un ataque continuado por parte de las grandes corporaciones a través de las directivas de la Unión Europea.
– Las pensiones como forma de salarios diferidos deberían ser intocables a la baja.

2.3. Reconquista del Estado y de la soberanía popular
– No es aceptable que el estado se someta al dictado de los mercados o de los organismos internacionales. Tampoco a las instituciones poco democráticas de Bruselas.
– Democracia participativa, no sólo representativa, como forma de soberanía popular.
– En este contexto el tema de la República no debería ser un tabú intocable.

2.4. Propuestas que contradigan la lógica del sistema
– No a la flexibilización precarizadora del empleo.
– No a la privatización de servicios públicos. Recuperación de los privatizados.
– Transparencia y publicidad de cuentas financieras, sueldos de directivos, etc.
– Reforma fiscal decididamente progresiva, con impuestos especiales sobre las grandes fortunas. No a mecanismos de evasión de impuestos: Paraísos fiscales, SICAV.

2.5. Nacionalización de la Banca
Porque no ha cumplido, y se resiste a cumplir con su función de financiar la economía productiva. En cualquier caso, creación, al menos de una banca pública. En estas y otras propuestas semejantes hay que tener en cuenta que seguimos en una situación de emergencia… asimétricamente. Las medidas han de proteger a la población, a los trabajadores y trabajadoras contra los efectos de la crisis que no han desencadenado ellos ni ellas. (…)

Texto completo (32 páginas): http://www.fespinal.com/espinal/llib/es173.pdf

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