Lo público y el arte

El siguiente artículo venía en la contraportada de la publicación de la Univesidad Complutense de Madrid, Tribuna Complutense. Y cuando volviendo de la Facultad en el autobús de Madrid a Alcalá lo iba leyendo, decidí colgarlo aquí porque conectaba  el tema de dos posts recientes de este blog. El de La Noche en Blanco y el del nuevo descampado de los Juzgados. Lo explica muy bien.

LO PÚBLICO Y EL ARTE, por Javier Albarca

La plaza de Cabestreros, en Lavapiés, es el más doloroso ejemplo del cambio de modelo urbanístico de las últimas décadas. Hasta hace unos meses, la plaza tenía las cosas que hacen que una plaza se pueda usar: bancos a la sombra de árboles muy altos, columpios, fuentes, bastante extensión de tierra, una pista de deporte, incluso un modesto escenario y unas gradas.

Hoy Cabestreros es, literalmente, un erial: una explanada de piedra que acumula implacable el calor del sol. Los bancos son bloques de piedra, sin respaldo, alarmantemente parecidos a lápidas. Y no hay sombra: los árboles centenarios han sido sustituidos por un par de hileras de arbolitos que nunca crecerán, porque bajo ellos apenas hay tierra. El espacio que ocupaban las antiguas raíces lo ocupan ahora cientos de coches. Y es que la plaza es, ante todo, la cubierta de un parking de varios pisos.

El espacio público a la medida de la persona se nos roba gradualmente. Privatizado, cedido a los coches, o a otros intereses económicos. Bancos a la sombra sustituidos por mesas de terraza con sombrilla, espacio visual desaparecido bajo más y más publicidad. Los nuevos espacios públicos son solamente un escenario. No están concebidos para habitarlos sino para pasar por ellos. Para verlos, consumirlos. El centro de la ciudad, transformado en parque temático para el turismo.

Espectáculo son también acontecimientos como La noche en blanco, que sustituye el bronce sobre pedestal por un arte público pretendidamente cercano, y vende una ilusión de participación en el espacio público. En realidad, un atracón alienado, pensado no tanto para construir criterios como para aturdir y crear una imagen de cultura brillante pero ficticia. Publicidad, que devora presupuestos y oculta la eliminación sistemática del espacio usable. Las conversaciones casuales en una plaza son los verdaderos ladrillos de la cultura de una ciudad.

Un arte realmente público no se impone desde arriba. Implica el diálogo entre el artista y el lugar, indagar en el contexto, buscar la forma de hacerle hablar. (…)

Ver texto orginal y completo en: http://urbanario.es/archives/950

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s