Hiroshima y Nagasaki. No olvidar el pasado ni el presente

El armamento atómico es la culminación de la escalada armamentística llevada a cabo por la investigación militar a lo largo de su historia. Pero con un añadido, el arma nuclear es el arma más mortífera, una invención militar que encarna con crudeza el sin sentido de la guerra, aquella que hace posible la eliminación total del enemigo, pero que a la vez pone en peligro la supervivencia humana en el planeta. (Editorial Materiales de Trabajo Centre d’Estudis per a la Pau J.M, nº39, mayo 2010)

Es la noticia de todos los años a principios de agosto: el lanzamiento de las bombas atómicas en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto de 1945.

En Hiroshima murió la mitad de la población, unas 140.000 personas. Era el golpe de fuerza del EE.UU. para doblegar al ejército japonés que hubiera tardado poco más en perder la guerra. Para muchos analistas lanzar la bomba atómica fue la señal que el gobierno de EE.UU. envió intencionadamente para dejar claro quién mandaba a partir de entonces. Y de hecho, lanzar otra bomba atómica tres días después fue un acto de máxima crueldad e inhumanidad.

Esta son de esas noticias-bucle que podrían ser intercambiadas ser repetidas las del año anterior y seguro que casi nadie se daría cuenta.

Los periodistas y los políticos aprovechan estas fechas para hacer discursos bienintencionados o desinformados (valga la perversión periodistas desinformados), los periodistas, y cínicos, los políticos.

Porque parece que las bombas hubieran caído hace mucho y desde entonces la amenaza y la carrera militar nuclear no hubiera cambiado, que ni siquiera cambia de un año para otro, de un aniversario para otro de Hiroshima y Nagasaki.

La presencia de los embajadores de EE.UU.  por vez primera en 65 años en las conmemoraciones de Hiroshima, y de otros embajadores de los otros países aliados de EE.UU y potencias nucleares como Reino Unido y Francia se ha querido interpretar por la prensa como un gesto de distención nuclear.

Son de esos gestos gratuitos que parecen decir algo, pero en realidad hay que ver lo que esas potencias hacen o negocian. Y este año ha habido dos negociaciones sobre armamento nuclear que dejar en un acto de cinismo asistir a Hiroshima.

En mayo se celebró la octava Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP). El TNP obliga a los países firmantes a renunciar a la posesión de este tipo de armamento, con la excepción de los países del Consejo de Seguridad de la ONU, a quienes conmina de manera vaga a dar pasos hacia el desarme.

Paralelamente existen otros dos tratados: el Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares (CTBT), que prohíbe la realización de test de armamento nuclear, pero que no está en vigor porque la India, Pakistán y Corea del Norte no lo han firmado, y la China, EEUU, Irán, Israel, Indonesia y Egipto no lo han ratificado. Por otro lado, el Tratado de Reducción de Armas estratégicas (START), de carácter bilateral entre EEUU y Rusia y renovado recientemente, limita el número de ojivas nucleares estratégicas activadas y los medios lanzadores, pero obvia las armas nucleares tácticas y las que están en reserva. Lo que ha ocurrido en esta renovación del START merece un comentario más adelante.

Como era de esperar, la Conferencia revisión de mayo del TNP no sirvió para deshacer el peligro nuclear y mucho menos la proliferación nuclear. Se saldó con un documento que recuerda mucho a lo que está pasando cuando las megacumbres internacionales tratan sobre actuaciones contra el cambio climático o la cooperación al desarrollo. En el documento final las cinco potencias nucleares incluidas en el TNP se comprometen a “acelerar” el progreso hacia el desarme, con el objetivo final de eliminar por completo todos sus arsenales. Más ganas de marear la perdiz nuclear, si no véase informe “Arsenal nuclear mundial en 2009”, son sólo 3 páginas).

Pero, por otra parte, cada vez más países no nuclearizados piden que el tratado se convierta en una Convención que prohíba  el desarrollo, ensayo, producción, almacenaje y transferencia y uso o amenaza con armas nucleares. Pero quien más lo impulsa es la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleres

Si la revisión del TNP una venta de humo, a primeros de abril de este mismo año la firma el nuevo acuerdo bilateral START entre EE.UU. y Rusia, que posee el 95% de todas las armas nucleares, sobre reducción de sus arsenales atómicos suena a broma macabra.

Volvemos al oxímoron de los periodistas desinformados: la prensa mundial, incluida la española, vendió la noticia tal como se la dieron los gobiernos de Rusia y EE.UU., queriéndolo mostrar como un logro más del Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, por el desarme y la paz mundial. Parece ser copiaron las notas de prensa gubernamentales, fueron a la rueda de prensa, pero nadie se le leyó el nuevo tratado. Xavier Bohigas, del Centre d’estudis per a la Pau J.M. Delàs, sí lo hizo y el título su artículo deja bien clara la conclusión: Nuevo Tratado de reducción de armas nucleares. Todo sigue igual… o peor” Las mismas trampas de “contabilidad creativa” que ocurre con las emisiones de efecto invernadero y la ayuda oficial al desarrollo. Y siempre manteniendo la misma estructura militar que como “pilar esencial en la seguridad” son a las armas atómicas.

No tenían suficiente dolor acumulado en Hiroshima y Nagasaki para que encima se les vayan a reírse en su cara, en l cara del resto de todos los seres humanos.

ENERGÍA NUCLEAR, NI CIVIL NI MILITAR

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